Woyzeck

de Georg Buchner

Puesta en escena por Antonio Algarra

Reseña Escrita por Ovidio De León Peláez

Humillado, engañado, parte de un sistema que margina a los pobres y conejillo de Indias de un par de hombres que pretenden sacar de él algún tipo de conocimiento, Woyzeck se empeña por descubrir la verdadera esencia de su realidad. Las figuras de autoridad, reflejadas claramente en los personajes del doctor y el capitán, están conscientes de tener el poder sobre Woyzeck, quien, a fin de cumplir un deber que le pueda llevar pan a la mesa, los complace para lograr así la supervivencia, mientras ellos lo utilizan para poder desahogar sus inquietudes morales, científicas y filosóficas. Se critica al sistema, se burla de la burguesía y del papel que desempeñan las clases sociales altas. Se representa la situación social de quienes viven en las sombras de la pobreza como personas que se quejan constantemente de su condición sin realmente hacer algo para cambiarla. El tono de la obra es bastante lúgubre, en cuya austeridad se representa la devastación que azota al personaje principal.

La obra te invita a participar en ella, y a que formes parte de un grupo de espectadores que a parte de observar son observados en diversas ocasiones por los mismos personajes. Los espejos en los cuales nos reflejan, son la metáfora perfecta de cómo los personajes y nosotros nos vemos, viendo las faltas superficiales, juzgando y criticando la apariencia de quien siempre ha tenido el “poder”. El raciocinio del hombre, la aparente cualidad que nos diferencia del animal, es cuestionado en varias ocasiones, convirtiendo a los personajes en animales, o al menos, así quieren ver a los otros los hombres de poder, rebajando a Woyzeck al nivel de los animales. ¿Por qué? Porque pueden y porque tienen el poder de la orden.

La obra está estructurada en un acto inicial que introduce las posturas de los personajes para, en el desarrollo, hacernos cuestionar nuestras propias posturas, y para que después sus personajes se juzguen unos a otros. María es considerada puta, Woyzeck  es inmoral, los ebrios maldicen al sistema creyendo que este los maldice, el capitán, el amante de María y el médico se dedican a apuntar el dedo al otro, a ultrajar, a desmoralizar, a mofarse de quien no se defiende.

El salvajismo de los personajes se reduce a una serie de actos instintivos donde, eventualmente, la moral termina siendo una invención de las clases altas. A Woyzeck, el aparente animal ante los ojos de la autoridad acomodada, se le considera inmoral por no tener los recursos de la clase media o rica. La “animalidad” de María la conduce a su muerte, y la “animalidad” de Woyzeck lo conduce a la suya, a una muerte de ideales, a la muerte interna de saberte culpable por la muerte de quien amas. El momento de mayor profundidad trágica se revela en la escena final, y resulta bastante devastador ver cómo el tormento, los celos y el contexto sumergen a Woyzeck en un abismo donde la salida más fácil conduce a la muerte.

A la mitad de la obra, tuve el ligero presentimiento de que todo podría ser producto de la imaginación de Woyzeck, el tormento de un hombre que ya no puede diferenciar el recuerdo de la vida presente, la realidad de la ficción, y el miedo de la angustia o del hambre. Al final, llegué a la conclusión de que Woyzeck bien podría estar muerto, y que vive en una especie de limbo perenne donde se repite la historia de cómo murió, de cómo jugó con la posibilidad de ser feliz, de cómo el miedo devoró su raciocinio, de cómo los insultos, los retos, las representaciones y las comparaciones con las bestias -el desnudo de Woyzeck en la obra es más emocional que físico, el temor se ve reflejado en la manera en que tiembla, en la mirada perdida que indica que es ciego porque realmente no quiere ver la realidad de la condición humana-, lo hicieron sentirse y creerse animal. Los otros personajes representan la propia consciencia en la memoria de un fantasma que no puede huir del purgatorio que escogió en su delirio.

La puesta en escena de “Woyzeck” nos convierte en testigos, en verdugos y en espectadores de la muerte metafórica de quien somete a la muerte por haber sido condenado a la muerte de su humanidad. Todos le hemos hecho creer que es culpable de su propia situación de pobreza, lo hemos impulsado a expiar y martirizar nuestras culpas. Nosotros lo hicimos animal.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Teatro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s