Un Hombre Serio

Escrito por Ovidio De León

Las imposiciones. Se nos impone una estructura de moralidad religiosa. Se nos dice que somos hombres serios cuando cumplimos con esta moralidad religiosa. Nos creemos esta gran mentira al principio, nos vamos guiando por una serie de actos que creemos nos encaminan hacia la salvación y hacia el entendimiento, cuando la verdad es que así, realmente, no podemos llegar a comprendernos. Se nos vende un concepto, una ideología o la sabiduría del viejo, quien, consciente de cómo es visto y venerado, se dice ocupado porque “está pensando” cuando en realidad podría estar escuchando un grupo de rock en los auriculares de un adolescente pacheco.

Los hermanos Cohen han concebido lo que, considero, es la historia cúspide de cómo todas nuestras relaciones y actos son producto de un “deber ser” que, eventualmente, nos conduce a una realización de que la estructura religiosa es una farsa, de que ni siquiera los viejos toman en serio las reglas, de que la edad madura y el tiempo nos vuelven escépticos, y de cómo la vida va moldeando en nosotros la realidad de cómo son y suceden las cosas: no existe una respuesta al por qué de todo. Los símbolos- aquí confundidos en la metáfora de una dentadura que provoca en el dentista una crisis existencial creyendo que son señales del salvador- son para interpretarse y en sí no conllevan un mensaje oculto que explique la causa de los eventos que nos pasan. Las cosas pasan, simplemente. La vida puede descomponerse en cualquier momento.

El pecado más grande de Lawrence es justificarse y compadecerse de sí mismo bajo la excusa de “no hice nada”, cuando realmente el problema de todo es ese. No ha hecho nada. Se ha conducido por la vida sedado, creyendo que sus problemas serían solucionados por fuerzas mayores, no haciendo nada. Cuando comienza a despertar de este estado de sedación, se compara con un viejo, con los otros viejos del filme, con esos viejos que ya han abierto los ojos a la farsa que ha conducido la religión hasta este punto, cuando ya no pueden tomarse en serio. Pero sería una aberración dejar a un lado todo lo que ha constituido su vida. Mejor seguir igual, rebelándote en pequeños actos, consciente de todo pero mintiendo para ser considerado, todavía, un hombre serio. Lawrence se rige bajo las leyes canónicas de los judíos ortodoxos. Cumple y acepta las condiciones que le son impuestas como un hombre dedicado, respetado, aceptando su destino, viendo la situación desde una perspectiva que le han inculcado -desde joven- que debe tomar. Lawrence se está dando cuenta que no hay soluciones, que la respuesta no está en encomendarse al sagrado, en hacer el Bar Mitzvah, en ser un padre considerado y en las fórmulas matemáticas. De alguna manera, Lawrence es un hombre amputado, un hombre que deambula entre la ideología propia que no acepta- la voluntad, la libertad, el deseo- y la ajena.

Repara las antenas de la casa de la que ya no es parte porque es necesitado. Arregla el funeral del novio de su esposa porque es necesitado. Lawrence no puede decidir sobre si mismo, y esto crea en él un conflicto existencial en el que su único remedio es acudir al canon. El tono irónico de la película, que maneja un humor negro maravilloso, nos obliga a burlarnos de sus personajes, a compadecernos, a comprender el por qué de todas sus acciones, el por qué sus añoranzas se limitan a querer  convertirse en catedrático o a encontrar en la mariguana un alivio o refugio.

Laurence es consciente de la inmovilidad de su voluntad, al grado en que sus anhelos más profundos se ven expresados en sueños que, al sentirse culpable por ello, los sufre como pesadillas. Al final, los Cohen nos invitan a contemplar el destino inminente del padre y del hijo, de cómo la explicación de su destino no tiene referencia directa a sus acciones. Los personajes que sollozan lo hacen porque se sienten humillados y desorientados, porque simplemente les es imposible enfrentar su realidad, su manera de ser, a confesarse ante los mismos miembros de su familia. ¿Por qué tanta cobardía? ¿Se podría incluso tratar de definir como un miedo del peor tipo, del tipo de miedo que radica no en lo que se podría tener como consecuencia sino en lo que siempre se ha implicado? ¿El miedo podría tratarse entonces de una manifestación interna que niega el darse cuenta de que toda su esencia o realidad, es la conciencia colectiva de quienes quieren hacer creer a otros que vale la pena seguir el camino de la tradición? Por algo los viejos son tan sedados, sabios y serios.


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1 comentario

Archivado bajo Cine

Una Respuesta a Un Hombre Serio

  1. Ani

    Gracias por darme una explicación sobre el final… la verdad pensé algo así como tu escribiste…. A pesar de que el hijo parece tener más carácter que el padre, tal parece que su destino será el mismo.

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